Opinión

Víctor Hugo Martínez

Víctor Hugo Martínez

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Eje Sur

Llega la Federación, cambia el clima en Tamaulipas

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En las últimas semanas se han desarrollado acciones federales para contrarrestar la producción y almacenamiento de combustible ilegal. De norte a sur, pasando por Ciudad Victoria, el combate al huachicol se ha intensificado de manera particularmente visible.

Y ahí aparece la parte incómoda: instalaciones, predios, pipas y una infraestructura que difícilmente puede considerarse invisible estuvieron operando en distintos puntos del estado sin que, aparentemente, las autoridades locales tuvieran conocimiento antes de la intervención federal.

En Reynosa, Ciudad Victoria y otras ciudades, el asunto adquiere todavía mayor relevancia. 

Los alcaldes son la primera autoridad en los municipios y, aunque eso no significa que deban conocer cada actividad ilícita que ocurre en su territorio, sí obliga a revisar qué tan eficaces están siendo los mecanismos locales de vigilancia, prevención y coordinación con las autoridades federales.

Porque una cosa es que el crimen intente esconderse y otra muy distinta que pueda instalar una operación logística de grandes dimensiones a plena vista durante un periodo prolongado.

Pero hay otro elemento que resulta inevitable observar: esta intensificación de los operativos federales ocurre en los días previos a la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tamaulipas.

La coincidencia temporal no necesariamente establece una relación causal, pero sí modifica la lectura política del momento. 

Lo que durante meses aparecía como un escenario cargado de nubarrones en materia de seguridad, economía y condiciones políticas de la entidad, de pronto comienza a mostrar otra imagen ante los ojos de la Federación.

Los operativos contra el huachicol, los aseguramientos y el despliegue de fuerzas federales proyectan hacia el resto del país una señal clara de actividad, control y capacidad de respuesta.

Y mientras la Federación llega a Tamaulipas con un panorama aparentemente más despejado, queda la impresión de que el estado está mostrando, precisamente cuando es visitado por la presidenta, una capacidad de cooperación que durante mucho tiempo no estuvo tan visible.

Quizá esa sea la paradoja de estos días: mientras las autoridades federales encuentran y desmantelan estructuras que difícilmente pudieron aparecer de la noche a la mañana, el escenario político estatal comienza a perder algunos de los nubarrones que hasta hace poco parecían instalarse sobre Tamaulipas en detrimento de Morena.

La seguridad no debería medirse únicamente por lo que se asegura, sino por aquello que las autoridades locales son capaces de detectar antes de que se convierta en un problema de dimensiones mayores.

Esta columna fue publicada originalmente en Eje Conurbado. Consulta la versión original aquí


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